Montesito Apodaca

Montesito Apodaca Cruising Monterrey Apodaca
s**o, al aire libre

El bajo de la cumbia me retumbaba hasta en los huesos. El Wateke apestaba a cerveza caliente, humo y sudor viejo. Mi ves...
28/06/2026

El bajo de la cumbia me retumbaba hasta en los huesos. El Wateke apestaba a cerveza caliente, humo y sudor viejo. Mi vestido de animal print se me pegaba a las curvas mientras caminaba entre las mesas. Entonces lo vi: un albañil bien macizo recargado en la barra, playera blanca de cemento, brazos marcados por la chinga diaria. Se estaba empinando una caguama, pero cada movimiento mío le hacía tragar saliva.

No le di chance a pensarlo. Me acerqué, le clavé las uñas rojas en el pecho y le susurré al oído:

—Jálate pa’ arriba, ca**ón.

Lo agarré de la playera sudada y lo arrastré por las escaleras del segundo piso. Subía tropezando con sus botas de jale, sin poner resistencia. En la barra de arriba le aventé ochenta pesos a Alejandra.

—Privado, güera. Y un condón.

Me pasó la llave y el pr********vo sin preguntar. Empujé la puerta astillada, lo aventé contra el sillón de vinil roto y me le trepé. El cuarto olía a humedad y a s**o viejo. El chacal apestaba a sudor de tres días de obra. Ese olor me prendió hasta el alma.

Le arranqué la playera. Le desabroché el pantalón y me hincé frente a él como becerra recién nacida. Le bajé todo hasta las rodillas y solo le dejé la trusa blanca, toda gomeada y con esa mancha amarillenta que olía a nepe fuerte, a v***a sudada y encerrada. Me acerqué y la olí como si fuera un ramo de rosas. El olor me entró directo a la cabeza. Me puse perra en celo, lista para que ese macho me empinara y me cogiera hasta dejarme cojeando.

Pero el ca**ón me detuvo.

—Espera… quiero probar algo nuevo. Quiero que me pases tu cabeza entre mis nalguitas.

Me quedé mirándolo un segundo y sonreí como la regia que soy.

—Como quieras, papacito.

Pedaleaba con fuerza esa tarde calurosa de 2008 por la ciclopista del río Santa Catarina. Tenía 23 años y estaba en mi m...
21/06/2026

Pedaleaba con fuerza esa tarde calurosa de 2008 por la ciclopista del río Santa Catarina. Tenía 23 años y estaba en mi mejor momento físico. Los shorts de lycra negra se me pegaban al cuerpo como una segunda piel, completamente empapados de sudor. Sentía cómo la tela ajustada se adhería a mi miembro, marcándolo todo: el grosor, la forma, incluso cómo se iba endureciendo poco a poco por el roce constante contra el sillín. Estaba sudado, pegajoso, caliente. Cada pedalada hacía que la lycra se tensara más y el olor a sudor masculino se intensificara. Me gustaba esa sensación mientras rodaba solo, rodeado de matorrales y el sonido lejano del río.

De pronto, entre los arbustos a un lado del camino, salió un chico. Tendría 18 o 19 años, delgado, piel morena clara y cara de tímido. Vestía una camiseta holgada y shorts deportivos cortos. Sus ojos se clavaron directamente en mi entrepierna, sin disimulo. Se quedó parado ahí, mordiéndose el labio, con las mejillas rojas.

Frené suavemente y puse un pie en el suelo. Mi miembro ya estaba completamente duro, presionando obscenamente contra la lycra húmeda.

—¿Estás bien? —pregunté con la voz ronca por el esfuerzo.

—Me llamo Alex… —murmuró él, sin apartar la mirada—. Te vi pasar y… no pude evitar salir.

Sonreí. Bajé de la bici y la apoyé contra un árbol. Me acerqué a él sin decir nada más. Tomé su mano y la llevé directamente a mi bulto caliente y pegajoso.

—¿Esto es lo que querías ver? —le dije.

Alex soltó un gemido bajito y se arrodilló casi de inmediato sobre la tierra. Con manos temblorosas bajó la cintura de mis shorts de lycra, liberando mi v gruesa, venosa y brillante de sudor. El aire caliente golpeó mi piel húmeda y sentí un escalofrío de placer.

—Está tan caliente y pegajosa… —susurró antes de abrir la boca y metérsela casi hasta el fondo.

Gemí fuerte y agarré su cabeza con una mano, empujando mis caderas hacia adelante. Alex chupaba con ganas, como un pasivo hambriento: lamía cada gota de sudor, pasaba la le

Mándenme sus historias de   para publicarlas y jalarmela leyendo, quién se acuerda de la ciclopista que estaba en el río...
16/06/2026

Mándenme sus historias de para publicarlas y jalarmela leyendo, quién se acuerda de la ciclopista que estaba en el río santa catarina?

Parte 2 Estaba a punto de perderme en el desmadre de greñero que traía en la RlATA cuando un pi**he lampareazo nos cortó...
16/06/2026

Parte 2
Estaba a punto de perderme en el desmadre de greñero que traía en la RlATA cuando un pi**he lampareazo nos cortó el rollo de tajo. "¡La tira, güey, agáchate!", me gruñó el vato, jalándome del brazo en chinga. Me subí el pantalón a puros tirones mientras escuchábamos la patrulla avanzando en la terracería.
Nos aventamos de un putazo entre unos matorrales bien espinosos, pecho tierra. El güey me tapó la boca con su manota callosa para que ni respirara, aplastándome contra el suelo con todo su peso. Las luces rojas y azules de los puercos nos pasaron por encima, iluminando el polvo. Se me iba a salir el corazón del p**o susto.
Cuando la patrulla por fin se alejó hacia el parque industrial, el vato me soltó despacio. Se acomodó la camisa sudada, me tiró una pi**he sonrisa maliciosa en la oscuridad y me jaló otra vez contra el tronco. "Ahora sí, ca**ón, en qué estábamos", me soltó ronco, agarrándome la cadera todavía más fuerte.

Llegué al Montesito en la madrugada, con el pulso a mil. El aire olía a pura tierra seca y al humo delos carros de Migue...
12/06/2026

Llegué al Montesito en la madrugada, con el pulso a mil. El aire olía a pura tierra seca y al humo delos carros de Miguel Alemán. Andaba buscando acción, pero al chile sí estaba nervioso. De repente, escuché las ramas crujir y de la pi**he oscuridad salió un vato grandote, un chacalón que seguro venía saliendo del tercer turno de la fábrica. Traía sus botas de jale empolvadas, la camisa sudada y una mirada bien pesada.
Se prendió un cigarro, me escaneó de arriba a abajo y tiró la colilla pisándola. Se me dejó venir sin decir agua va. Di unos pasos pa' atrás hasta que mi espalda chocó contra un árbol y el vato me acorraló por completo. Me llegó de golpe su olor a sudor, fierro y cigarro Link. Su respiración caliente me pegaba en el cuello.
El güey no andaba con mamadas. Me agarró de la cintura con unas manotas bien rasposas, me bajó el pantalón de un pi**he tirón y me apretó las nalgas bien macizo. "Afloja, morro", me gruñó al oído. Me temblaban las piernas cuando sentí el bultote frotándose contra mí a través de su mezclilla. "Te va a gustar, ca**ón", me soltó, bajándose el cierre de putazo. Yo nomás eché la cabeza pa' atrás contra el tronco y me dejé ir, sintiendo lo brusco de sus pi**hes manos en medio de la oscuridad.

11/06/2026

Propongan lugares de cruising, ya que montesito Apodaca por el momento está muy sólo

25/04/2026

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