21/05/2026
A finales del siglo XIX, Porfirio Díaz quería transformar la Ciudad de México en una capital que pudiera compararse con las grandes ciudades europeas.
Durante el Porfiriato llegaron avenidas amplias, monumentos, edificios de estilo francés y proyectos que buscaban mostrar modernidad, poder y progreso. Uno de los más ambiciosos fue el Palacio de Bellas Artes.
La construcción comenzó en 1904 y el encargado fue el arquitecto italiano Adamo Boari. La idea original era que el edificio funcionara como el nuevo Teatro Nacional de México y estuviera listo para las celebraciones del Centenario de la Independencia en 1910.
Pero entre la Revolución Mexicana, problemas económicos y el suelo inestable de la ciudad, la obra quedó detenida durante años.
Por eso Bellas Artes tardó casi 30 años en terminarse y finalmente fue inaugurado hasta 1934.
Lo interesante es que el edificio parece contar dos épocas distintas de México en una sola fachada. Por fuera tiene un estilo europeo muy marcado, con influencia art nouveau y detalles que recuerdan a la arquitectura francesa e italiana del Porfiriato. Pero por dentro cambia completamente con un estilo art déco mucho más moderno, terminado ya después de la Revolución.
Y sí, el Palacio de Bellas Artes literalmente se está hundiendo.
Como gran parte del Centro Histórico fue construido sobre el antiguo lago de Texcoco, el edificio ha descendido varios metros desde que se inauguró. De hecho, originalmente tenía muchos más escalones al frente que hoy prácticamente desaparecieron por el hundimiento del terreno.
Otro detalle que casi nadie nota es que la enorme cúpula tiene azulejos de colores naranja y amarillo hechos con cerámica especial traída de Hungría. Dependiendo de la luz del día, la cúpula cambia de tono y por eso suele verse dorada desde lejos.
Dentro también guarda una de las cortinas más raras del mundo. El escenario principal tiene un telón fabricado por Tiffany & Co. con casi un millón de piezas de cristal opalescente. Pesa alrededor de 24 toneladas y representa los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
Además de su arquitectura, Bellas Artes terminó convirtiéndose en uno de los símbolos culturales más importantes del país.
Ahí se han presentado Diego Rivera, Frida Kahlo, María Callas, Juan Gabriel y muchísimos artistas que marcaron generaciones enteras.
Hoy es imposible imaginar la Ciudad de México sin esta construcción. Lo curioso es que todo empezó como parte de un proyecto de Porfirio Díaz para darle a la capital una imagen europea, y terminó convirtiéndose en uno de los edificios más reconocibles y mexicanos de todo el país.