27/01/2026
Los Kokoyome y el mundo indígena del Bolsón: alianzas, movimientos y encuentros con los rarámuri.
En el inmenso Bolsón de Mapimí, entre Chihuahua, Coahuila y Durango, vivieron durante siglos los kokoyome, un grupo nómada pequeño pero muy conectado con las demás naciones indígenas del norte. Aunque hoy su nombre casi no se escucha, en su tiempo fueron parte clave del tejido cultural y social de la región.
A principios del siglo XVIII, los kokoyome se movían entre sierras y aguajes: el río Nazas, El Pasaje, Sierra Mojada, Sierra del Diablo, Batuecas, Bauz, Vizcaíno y Jicorica. Allí cazaban venado, recolectaban lechuguilla para hacer mezcal, juntaban tunas y recorrían largas distancias para encontrarse con otros grupos.
Formaban una especie de “hermandad nómada” junto con los acoclames, sisimbles, chizos, coahuileños, tripas blancas y, más al sur, mantenían contacto con conchos, tepehuanes y pueblos de misión como los de San Francisco de Conchos y Atotonilco.
Eran grupos pequeños pero unidos por parentesco, comercio y alianzas que los ayudaban a sobrevivir en terrenos complicados.
En 1705, por ejemplo, había unos 250 acoclames y apenas 70 kokoyome, porque un año antes una fuerte epidemia había matado a muchas mujeres y niños. Ese mismo año, los españoles registran a Lorencillo como jefe kokoyome, también llamado “Lorenzo yaqui”, aunque no se sabe si realmente tenía relación con los yaquis o si era un apodo.
A inicios del siglo XVIII, estos pueblos intercambiaban pieles:
Los kokoyome y acoclames aportaban gamusas de venado,
Los chizos y sisimbles llevaban pieles de bisonte.
También se reunían en zonas como Macagua, un lugar de dátiles y tunas que funcionaba como centro de intercambio.
Pero el desierto no era el único escenario: la presencia española crecía. En 1705, el capitán de Monclova, apoyado por coahuileños, tendió una emboscada a los kokoyome durante un convite de pe**te, matando a muchos. A lo largo de los años siguientes, se registraron “guerras” y “campañas” contra ellos:
1715, autos de guerra contra kokoyomes y acoclames.
1716, el jefe kokoyome Juan Lomas pide la paz nuevamente y solicita alimentos para su gente.
1717, los kokoyome aparecen en expedientes de una nueva “sublevación”, junto con sisimbles y chizos.
1720, se menciona a los gavilanes, una parcialidad de los kokoyome, negociando paz con Martín de Alday.
1721-1722, grandes campañas de castigo contra “kokoyomes, acoclames, sisimbles, tripas blancas y coahuileños”.
En estas campañas hubo cautiverios, repartición de niños en haciendas, persecuciones a lo largo de cientos de kilómetros y negociaciones que a veces terminaban mal para los pueblos del Bolsón.
Y en medio de ese ambiente aparece un cruce inesperado: los rarámuri (tarahumaras).
No convivían con los kokoyome ni eran aliados, pero sus historias se encuentran porque los españoles forzaban a los pueblos de misión a participar como auxiliares en las campañas militares.
Por ejemplo, en una campaña enorme contra los “rebeldes” del Bolsón, los gobernadores ordenaron reunir 200 tarahumaras armados con arco y flecha, además de 300 indios de otras misiones cerca de Saltillo. Así se formó un contingente de más de 600 hombres que persiguieron durante meses a los kokoyome, acoclames y sisimbles, internándose en sierras como Corrales y Zapata, al sur del actual Valle de Allende.
No era un encuentro amistoso ni cultural: era un cruce forzado por el sistema colonial. Los rarámuri hacían obedecer a su misión; los kokoyome huían para sobrevivir.
Pero ambos caminaron los mismos senderos del norte, aunque por razones distintas.
Los rarámuri regresaban a sus pueblos de misión al final de cada campaña.
Los kokoyome, en cambio, regresaban a un territorio cada vez más vigilado, con presidios en Mapimí, El Pasaje, Cerro Gordo, Monclova y Santa Rosa del Sacramento.
Poco a poco, los kokoyome perdieron espacio, gente y libertad. Entre epidemias, violencia, cautiverios y desplazamientos, dejaron de aparecer en los documentos como grupo organizado. Pero su rastro sigue ahí: en intercambios, alianzas, rutas, nombres de sierras y en historias de lucha por sobrevivir en una tierra que conocían mejor que nadie.
Su historia es la memoria de un pueblo pequeño, pero fuerte, que tejió relaciones con muchas naciones indígenas y que dejó su huella en las páginas más antiguas del norte mexicano.
Autor desconocido. (2023). Rebeliones y campañas en el Bolsón de Mapimí durante los siglos XVII y XVIII. Revista de Historia de la Universidad Juárez del Estado de Durango. Archivo Histórico Municipal de Parral.
Viramontes, C. (s.f.). El Bolsón de Mapimí y sus grupos indígenas. En Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM. Regiones del Norte Novohispano. Ciudad de México: UNAM.
Imagen ilustrativa, Credito:Fondo Zabel-INAH