15/05/2026
Una señora decidió festejar sus 70 años consintiéndose con una noche en un hotel elegante.
Al día siguiente, al momento de salir, en recepción le presentaron una cuenta de $250.
Sorprendida, cuestionó el monto: “Estoy de acuerdo en que es un hotel bonito, pero la habitación no vale $250 por solo una noche ni siquiera desayuné”, comentó.
El recepcionista le explicó que ese era el precio habitual, y que el desayuno ya estaba incluido, aunque ella no lo hubiera aprovechado.
Inconforme, pidió hablar con el encargado.
El gerente apareció ya enterado de la situación y le dijo: “Nuestro hotel tiene una piscina de tamaño olímpico y un gran centro de conferencias que los huéspedes pueden usar”.
“Pero no los usé”, respondió ella.
“Bueno, están disponibles, y usted podría haberlos usado”, insistió él.
Luego agregó que el hotel también contaba con espectáculos en vivo de artistas reconocidos a nivel mundial.
“Pero no asistí a ninguno de esos espectáculos”, replicó la mujer.
“Están disponibles, y usted podría haber ido”, volvió a decir el gerente.
Así siguieron discutiendo: él mencionando servicios y ella respondiendo que no los había utilizado, mientras él repetía la misma justificación.
Después de un rato, al ver que no llegarían a un acuerdo, la mujer aceptó pagar. Sacó su chequera, llenó un cheque y se lo entregó.
El gerente lo revisó y dijo: “Señora, este cheque es solo por $50”.
“Así es”, contestó ella con tranquilidad. “Le cobré $200 por dor mir conmigo”.
“¡Pero yo no hice eso!”, respondió el gerente, sorprendido.
“Bueno”, dijo ella con calma, “yo estaba aquí, y usted podría haberlo hecho”.