21/10/2025
¿SABÍAS QUE PARA LOS NAHUAS EL PARTO ERA RELACIONADO CON LA MUERTE?
En la cosmovisión nahua, el parto era concebido como una batalla sagrada, y la mujer que daba a luz era vista como una guerrera que enfrentaba fuerzas sobrenaturales. Esta visión ritualizada del nacimiento está profundamente documentada en fuentes arqueológicas, etnohistóricas y antropológicas.
En la tradición nahua, el acto de parir era equiparado al combate. Así como los hombres salían a la guerra para capturar prisioneros, las mujeres al dar a luz “tomaban un prisionero”, es decir, traían una vida al mundo. Esta equivalencia simbólica está registrada en fuentes como el Códice Florentino y en estudios del INAH sobre ritualidad femenina.
Las mujeres que morían durante el parto eran consideradas heroínas y recibían un destino especial: se convertían en cihuateteo, espíritus femeninos divinizados. El término proviene de cíhuatl (mujer) y teotl (dios), y estos seres eran temidos por su poder. Según Arqueología Mexicana, se creía que las cihuateteo acompañaban al sol en su trayecto por el cielo desde el mediodía hasta el ocaso, y habitaban en Cihuatlán, “el lugar de las mujeres”.
El historiador Patrick Johansson, en sus estudios sobre la ontología nahua, señala que el vientre materno era visto como un espacio liminal entre la vida y la muerte. La gestación era una lucha contra fuerzas oscuras, y el parto implicaba un tránsito ritual. El nacimiento, aunque celebraba la llegada de un nuevo ser, también representaba una pérdida: “el nuevo ser accedía a la dimensión existencial, pero moría a la esencia”.
Este pensamiento se refleja en los rituales posteriores al nacimiento. El entierro del cordón umbilical y la placenta no era un acto médico, sino una ceremonia funeraria simbólica. Según estudios publicados en la Revista de Estudios de Antropología Sexual del INAH, estos elementos eran enterrados en lugares específicos del hogar o del campo, como ofrenda a la tierra y a los dioses, marcando el vínculo entre el cuerpo y el cosmos.
La mujer embarazada era objeto de cuidados rituales, y su parto era acompañado por parteras-sacerdotisas que conocían cantos, invocaciones y técnicas curativas. En caso de muerte, se realizaban ceremonias para proteger al espíritu de la madre y evitar que las cihuateteo causaran daño a los vivos, ya que se creía que podían provocar enfermedades o trastornos mentales si no eran debidamente honradas.
Este enfoque revela una profunda sacralización del cuerpo femenino y una comprensión del nacimiento como acto cósmico. La maternidad no era solo biológica, sino espiritual, política y ritual.
Imagen: Mujer pariendo. Dumbarton Oaks Research Library and Collection
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