05/06/2026
El telón teatral más famoso de México no es de tela.
Son casi un millón de piezas de cristal opalescente de dos centímetros cuadrados ensambladas como un rompecabezas sobre una estructura de lámina bronceada y zinc que pesa 22 toneladas y muestra el Valle de México tal como se veía desde las ventanas del Palacio Nacional
A principios del siglo XX: el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl bajo un cielo que la contaminación todavía no había descubierto.
El arquitecto Adamo Boari invitó a casas artísticas internacionales a proponer diseños, para el telón.
En 1909-1910 Tiffany Studios ganó el encargo de realizar un telón-escultura que retratara la belleza natural de México a través de la técnica del mosaico de cristal.
La razón original Boari quería un teatro vanguardista y seguro, por lo que pensó en un telón resistente al fuego.
La joyería más famosa del mundo recibió el encargo de hacer una cortina ignífuga y entregó la pieza de arte más extraordinaria que hay en cualquier teatro del hemisferio.
Louis Comfort Tiffany envió a México al escenógrafo Harry Stoner para realizar el diseño con una vista de los volcanes. Stoner vino, miró, dibujó y regresó a Nueva York.
El telón se fabricó allá completamente. Para 1911 el telón ya terminado se exhibió con gran éxito en Nueva York y ese mismo año fue trasladado a México en el buque Monterrey.
Lo vieron los neoyorquinos antes que los mexicanos. Es el único telón sobreviviente de las múltiples comisiones teatrales realizadas por Tiffany Studios entre 1880 y 1926.
Porfirio Díaz lo encargó para inaugurarlo en las Fiestas del Centenario de 1910. La Revolución lo impidió. El telón esperó 23 años dentro del teatro sin terminar hasta que en 1934 Abelardo Rodríguez inauguró el Palacio de Bellas Artes.
La gran cortina sube en solo 90 segundos y se mantiene oculta en una bóveda que está en la parte superior. No se dobla. No se enrolla.
Es una estructura rígida que sube verticalmente hasta desaparecer en el techo. El telón que Díaz encargó para mostrarle al mundo el México moderno pasó tres décadas esperando que México se calmara lo suficiente para verlo.
Hoy puedes disfrutarlo en las visitas guiadas que el palacio tiene los días viernes a la 1:20 de la tarde, llega con anticipación y formateo, vale la pena, el recorrido es gratis y verás una pieza artística única e invaluable.