06/06/2026
Mi nombre es Cristina y soy la administradora de la página Ocean Pachanga. Quizá algunas personas me recuerden porque durante los últimos 2 o 3 años me he dedicado a ayudar a cientos de visitantes a encontrar el paseo, actividad o experiencia ideal para disfrutar sus vacaciones en Puerto Peñasco.
Hoy me veo en la necesidad de compartir una experiencia muy desagradable que vivimos recientemente. No porque me guste hacer este tipo de publicaciones, sino porque creo que es importante que otros prestadores de servicios turísticos sepan lo que ocurrió.
Una persona identificada como Aarón Hidalgo y su esposa Flor contrataron un yate privado con nosotros. Al momento de abordar, comentaron a mi colaboradora y hermana que supuestamente ya me habían informado que realizarían el pago con tarjeta. Esa información nunca me fue comunicada.
Confiando en su palabra, se les permitió abordar con el acuerdo de que realizarían el pago durante el paseo o antes de bajar de la embarcación.
Durante el recorrido ocurrió una situación inesperada. Se encontró una embarcación que se estaba hundiendo y el capitán, junto con los pasajeros a bordo, colaboraron para ayudar a las personas que se encontraban en peligro. Afortunadamente, las personas pudieron recibir ayuda y la situación no pasó a mayores.
De acuerdo con la información proporcionada por el capitán, al momento de presentarse la emergencia se consultó a los pasajeros si estaban de acuerdo en colaborar para brindar ayuda a las personas que se encontraban en peligro, y éstos estuvieron de acuerdo.
Sin embargo, al finalizar el paseo, en lugar de cubrir los $400 dólares acordados por el servicio, únicamente transfirieron $200 dólares, argumentando que debido a lo ocurrido con la otra embarcación ya no debían pagar el monto completo.
Quiero dejar algo muy claro: el servicio contratado se brindó en su totalidad. La ayuda prestada a personas que se encontraban en una situación de emergencia fue un acto humano y responsable por parte de quienes estaban a bordo, pero no tiene relación alguna con el acuerdo de pago que ellos habían aceptado previamente.
También considero importante mencionar que, según me informó el propietario de la embarcación, una vez concluido el paseo se les preguntó directamente sobre el pago pendiente y manifestaron que sí cubrirían el monto total acordado. Sin embargo, posteriormente únicamente realizaron una transferencia parcial de $200 dólares.
Después de múltiples llamadas y mensajes intentando resolver la situación, la única respuesta que recibí fue que lo revisarían con su grupo porque consideran que no deben pagar el resto.
Lo más triste es que el dueño del barco sí tuvo que recibir el pago completo. Eso significa que el dinero faltante salió directamente de mi bolsillo.
Detrás de cada reservación hay personas reales trabajando. Tanto yo como Kenya Angulo Pereda invertimos nuestro tiempo, esfuerzo y recursos para atender a estos clientes, ayudarlos a llegar a su destino, coordinar cada detalle del servicio y asegurarnos de que todo saliera bien. Cumplimos con todo lo prometido y confiamos en su palabra.
Desafortunadamente, esa confianza terminó convirtiéndose en una pérdida económica que tuve que asumir personalmente. Hoy perdí más dinero de lo que muchas personas pueden llegar a ganar en un día, una semana o incluso un mes de trabajo.
No se trata solamente de dinero. Se trata del tiempo, la confianza y el trabajo que hay detrás de cada reservación. Situaciones como esta afectan directamente a quienes vivimos de brindar un servicio honesto y de cumplir con nuestros compromisos.
No comparto esto para generar odio, amenazas o acoso contra nadie. Lo comparto porque considero importante documentar lo sucedido y porque situaciones como esta afectan directamente a quienes trabajamos de manera honesta en la industria turística.
Por esa razón, considero importante que mis colaboradores y colegas del sector conozcan esta experiencia y tomen las precauciones que consideren necesarias al momento de aceptar acuerdos de pago pendientes o pagos posteriores al servicio.
Cuento con conversaciones, registros y evidencia relacionada con esta situación, y estoy evaluando las opciones correspondientes para intentar recuperar el saldo pendiente.
Agradezco profundamente a todos los clientes que cumplen con sus compromisos, respetan los acuerdos y valoran el trabajo que existe detrás de cada experiencia que ofrecemos.
Lamentablemente, hoy me tocó aprender una lección costosa sobre la confianza.