11/08/2026
“La mayoría llegan a Machu Picchu en tren… pero nosotros decidimos ganarnos cada paso del camino.”
Después de llegar a Hidroeléctrica, comienza una caminata de aproximadamente 10 kilómetros rumbo a Machu Picchu Pueblo.
El sendero acompaña las vías del tren y, desde el primer paso, la naturaleza se convierte en nuestra compañera de viaje.
La lluvia cae ligera, casi como una caricia. No es suficiente para detenernos; al contrario, le da al paisaje un aire todavía más mágico.
El sonido de las gotas se mezcla con el río, con el viento y con nuestros propios pasos.
A un lado, las enormes montañas se levantan cubiertas de verde. Sus paredes parecen abrazar el camino y recordarnos lo pequeños que somos frente a la grandeza de los Andes.
Caminamos, conversamos, reímos… y también hay momentos de silencio, de esos en los que simplemente miras alrededor y piensas: “qué increíble estar aquí”.
Los kilómetros pasan lentamente, pero cada tramo tiene algo especial: el río acompañándonos, la vegetación exuberante, las montañas cambiando de perspectiva y, de vez en cuando, el sonido de un tren que nos recuerda que estamos acercándonos a nuestro destino.
Y entonces sucede algo curioso: después de varias horas caminando, los 10 kilómetros dejan de sentirse como una distancia. Se convierten en una colección de recuerdos.
Llegar a Machupicchu Pueblo no es solamente llegar al final del camino. Es sentir esa mezcla de cansancio, alegría y satisfacción de saber que lo hicimos caminando, bajo una lluvia ligera y rodeados de uno de los paisajes más impresionantes del mundo.
El verdadero viaje es todo lo que vivimos mientras caminamos hacia él