02/09/2026
Septiembre se viste de amarillo para muchos. Para nosotros, desde hace un año, septiembre se viste de luto.
Hace un año que Paulina se fue y todavía hay días en los que parece imposible aceptar que no va a volver.
Paulina era amor. Era comprensión, alegría, ocurrencias, risas y una locura que solamente ella podía llevar de esa manera. Era de esas personas que llegaban a un lugar y, sin darse cuenta, dejaban algo de ellas ahí.
Y eso es quizá lo más difícil de su ausencia: descubrir todos los lugares donde sigue estando.
Está en las canciones, en las fotografías, en las conversaciones, en los recuerdos inesperados, en una frase que nos recuerda a ella, en una risa parecida a la suya y en todas esas cosas que alguna vez compartimos y que hoy duelen porque ya no podemos correr a contárselas.
Porque mientras nosotros conocíamos a la Paulina que nos hacía reír, que nos abrazaba, que nos acompañaba y que parecía tener tanta vida dentro de ella, también existía una Paulina que estaba peleando una batalla que no todos alcanzamos a ver.
Cargaba un dolor que quizá nunca terminamos de comprender.
Y hay una parte de nosotros que inevitablemente se pregunta si pudimos haber hecho algo más.
Si pudimos haberla abrazado más fuerte.
Si pudimos haber preguntado una vez más cómo estaba.
Si pudimos haberle dicho más veces cuánto la amábamos.
Si pudimos haberle hecho entender que no tenía que poder con todo sola.
Ojalá hubiéramos sabido.
Ojalá hubiéramos entendido a tiempo que detrás de una sonrisa también puede existir un dolor enorme.
Ojalá hubiéramos tenido una última oportunidad para mirarla a los ojos y decirle:
“Paulina, eres suficiente.
Siempre lo fuiste.
No tienes que demostrarle nada a nadie.
Te queremos por ser tú.
Quédate.”
Pero la vida no nos dio esa última conversación.
Y nos dejó con tantas palabras atoradas en el corazón.
Desde hace un año tenemos tantas cosas que contarte.
Tantas cosas que han pasado y que hubiéramos querido correr a platicarte.
Tantas noticias, tantos cambios, tantas historias, tantos momentos en los que todavía pensamos: “Esto se lo tenemos que contar a Paulina”.
Y después recordamos que ya no estás.
Esa es una de las partes más crueles del duelo: acostumbrarte a vivir una vida en la que alguien que amas ya no puede formar parte de las cosas nuevas que suceden.
Te extrañamos en lo grande, pero también en lo más pequeño.
En esas cosas que quizá para cualquiera serían insignificantes, pero que para nosotros significan “aquí debería estar ella”.
Paulina dejó una huella que no se puede borrar.
Y aunque nos duele profundamente que su historia haya terminado de esta manera, no queremos que su historia sea solamente recordada por la forma en la que se fue.
Queremos recordarla por cómo vivió.
Por cómo amó.
Por cómo hizo reír.
Por la alegría que regaló.
Por cada persona que tocó con su existencia.
Y si hoy alguien está leyendo esto sintiéndose insuficiente, sintiendo que no puede más o pensando que su ausencia sería más fácil para los demás, por favor detente.
No tomes una decisión definitiva desde un dolor que puede cambiar.
Habla.
Llora.
Pide ayuda.
Dile a alguien que no estás bien, aunque no sepas cómo explicarlo.
Porque hay personas que te aman y quizá no saben cuánto estás sufriendo.
Y quizá hoy no puedas verlo, pero tu vida tiene un valor que el dolor no te deja reconocer.
Nosotros hubiéramos querido que Paulina pudiera verlo.
Hubiéramos querido que supiera que era suficiente.
Que era amada.
Que hacía falta.
Que su lugar en nuestras vidas no podía ser ocupado por nadie.
Hace un año perdimos su presencia, pero no perdimos todo lo que ella dejó en nosotros.
Seguimos hablando de ti.
Seguimos riéndonos con tus recuerdos.
Seguimos llorando tu ausencia.
Seguimos encontrándote en pedacitos de nuestra vida.
Y quizá esas pláticas pendientes no tengan que ser un adiós.
Quizá algún día, en algún lugar, podamos sentarnos otra vez contigo y contarte todo lo que pasó durante este año.
Todo lo que cambió.
Todo lo que nos faltó decir.
Todo lo que te extrañamos.
Hasta entonces, aquí seguimos.
Aprendiendo a vivir con una ausencia que jamás quisimos tener.
Un año sin ti, Paulina.
Un año preguntándonos tantas cosas.
Un año extrañándote de una manera que las palabras nunca van a alcanzar.
Y toda una vida para seguir amándote.