18/12/2025
A la montaña llegamos juntos, pero en realidad subimos solos.
El camino a la cumbre se vuelve un espejo: ahí, tú y tu espíritu se enfrentan y abrazan al ego.
Tu compañero de cordada es un fantasma dulce, siempre presente, guiando en silencio cada paso.
Y al final, la verdadera cima no es la cumbre, sino la certeza de que estás vivo.
En la montaña, los amigos dejan de serlo: se convierten en hermanos.