23/06/2026
El Instituto Allende (1952) capítulo final.
“Por otro lado, el Instituto afirmaba cada día sus éxitos económicos. Era un buen negocio. Un gran negocio. Los estudiantes ya no cabían en los estudios que parecían grandes cuando los hice construir. Iba imponiéndose una forma de cultura para turistas. Nos pasaba lo que pasaba en otros importantes centros culturales de México. La cultura autóctona, creadora, era arrastrada por tendencias pragmáticas para caer en manos de mercaderes. Se pagaba cincuenta dólares por la matrícula en el Instituto Allende. Cientos de estudiantes desfilaban por las aulas cada año. Pero esta prosperidad desviaba al Instituto de su programa inicial. Mis proyectos se iban convirtiendo en arena liviana. Se deterioraban, lo mismo que mi amistad con don Enrique. De acuerdo con mi conciencia me fue imposible prolongar una situación que sólo me daba disgustos. Preferí vivir tranquilo. Mi norma ha sido siempre dejar de lado lo que se opone –por ventajoso y halagador que fuera– a mi conformidad interior. Por eso no veía mejor solución que la de retirarme […] Los abogados se encargaron de redactar la cesión del Instituto Allende con sus pertenencias, etc., al señor Enrique Fernández Martínez. Por mi parte, recibí el montante exacto del dinero invertido por mí. Mis tres años de labor no merecieron ser mencionados. Después de todo, era el pago de una buena experiencia. Pretendí vender cultura a los norteamericanos y los norteamericanos se quedaron con la tienda…”
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Texto: “Iridiscencia: crónica de un centro de arte” Felipe Cossio del Pomar. Gobierno del Estado de Guanajuato (1988).
Imagen: Instituto Allende, década de 1950. Fotografía de Peter Olwyler.