19/10/2022
Hoy martes en “Publicaciones que nadie pidió, pero igual las hacemos” tenemos al antropólogo tratando (Cuando no) un tema espinoso y agudo, queremos recordar que la opinión de este miembro del equipo no representa a todo el equipo de Ir en Globo Teotihuacan.
Sobre el 12 de octubre
Por Antrop. Isaías H. Rosales
Esta semana que pasó fuimos testigos, como cada año, de la batalla campal que se desató en redes sociales debido a la conmemoración de los 530 años de la llegada de Cristóbal Colón a lo que hoy llamamos continente americano.
Celebridades, algunos académicos, estudiantes y público en general protagonizó un acalorado debate sobre el papel de Colón en su contacto con pueblos taínos en las Antillas, así como las repercusiones que a la postre trajo este hecho.
Sabemos que existe un espectro amplio de opiniones y corrientes de pensamiento, pero las que nos interesan son las dos más comunes o que, de una manera u otra, han tenido mayor aceptación y público en medios digitales, impresos y audiovisuales.
Por una parte, hay quien alude a que la llegada del genovés a costas de la actual República Dominicana inició el saqueo de nuestro continente así como el exterminio de, como dijera un actor cuyo nombre no quiero acordarme, “nuestros abuelos”; del otro lado, tenemos a quienes celebran el 12 de octubre como “el día de la hispanidad”, fecha donde se agradece a España los frutos del contacto; como el idioma que hoy usamos en la mayoría de países latinoamericanos, la literatura, la arquitectura o el arte.
No nos vamos a gastar pensando o disertando sobre quien tiene razón o cuál es el límite de esta si la tuviesen. Sería más acertado preguntarnos ¿Cómo nos afectan ambas posturas? ¿Vale la pena tomar una? ¿Es tibieza o indiferencia no tomar alguna de las dos?
Si bien es verdad que la memoria histórica es fundamental para el desarrollo del pensamiento crítico debemos aprender a diferenciar la memoria del discurso, la historia es un arma de dos filos que puede ser elemento y motor de la consciencia y, al mismo tiempo testaferro y justificación de pensamientos insostenibles como el supremacismo racial, el exterminio étnico, el negacionismo y el epistemicidio.
De esta forma, tanto la postura que sataniza el contacto europeo y lo toma de bandera de movimientos indigenistas negacionistas que romantizan la etapa pre contacto (Precolombina) como un edén libre de guerra, hambre, injusticia o saqueo como su antípoda que alaba y hace apología de la cultura europea como superior y salvadora de América, portadora de la religión “verdadera” (Negando así el diálogo interreligioso) y dadora de la “civilización” negando el genocidio y la crueldad de los europeos para con los taínos, caribes, mapuches, guaraníes y un largo etcétera, resultan nocivas para la consciencia y el pensamiento crítico pues instrumentalizan los hechos con fines ideológicos y hasta políticos.
Por tanto, pese a que tenemos la libertad de elegir una postura o generar otra cercana a las ya existentes, estas no aportan mucho a la discusión, por el contrario, dan pasos atrás en la construcción de un conocimiento y una identidad consciente, cayendo en burdos nacionalismos o peligrosos extremismos que han contaminado y malversado la historia desde que le podemos llamar así.
Habrá quien tome esta postura como tibia, indiferente, incluso negligente, pero en un momento de la historia donde la polarización resulta un arma poderosa para desarticular movimientos críticos parece irresponsable darle peso a cualquiera de los dos discursos, más aún si quienes los generan se jactan de ser radicales.
Finalmente, como dijimos antes, esto es sólo otra opinión, otra postura que pretende ser imparcial, pero, por la naturaleza misma de toda opinión, siempre tiene una carga discursiva, ideológica y personal, creemos firmemente que el diálogo debe nutrirse de pequeñas aportaciones, discusiones y charlas siempre y cuando su objetivo sea ese, nutrir, no adoctrinar o genera adeptos en masa que cubran o nieguen a unos u otros.