17/04/2025
🌕 Cozzi y la leyenda del eco de la Pirámide
Hace mucho tiempo, cuando los dioses aún caminaban entre los hombres, y los animales podían hablar con las estrellas, vivía un pequeño tlacuache de pelaje cenizo y mirada brillante llamado Cozzi.
Cozzi no era como los demás. Mientras otros buscaban comida o refugio, él buscaba historias. Se sentaba por las noches bajo la luna y escuchaba el susurro del viento entre las pirámides. "Aquí hay secretos", decía. Y tenía razón.
Un día, mientras caminaba cerca de la Plaza de la Luna, escuchó algo extraño: un eco que no era eco. Era una voz. Suave, lejana, como si la propia piedra le hablara.
— Cozzi... Cozzi... el equilibrio está en peligro... —susurró la voz.
Intrigado y un poco asustado, Cozzi consultó a su vieja amiga, la serpiente emplumada que dormía en las raíces del gran árbol de obsidiana. Ella le reveló que cada mil lunas, el Eco de Teotihuacán despierta para advertir sobre desequilibrios en el mundo: cuando se olvida la historia, se rompe el puente con los ancestros.
Entonces Cozzi entendió su destino: ser el guardián de las leyendas, el narrador que mantendría viva la memoria del Valle Sagrado. Desde entonces, cada tarde, reúne a quien quiera escuchar —niños, viajeros, animales o espíritus— y cuenta historias antiguas que hablan de amor, guerra, estrellas, volcanes, jaguares y temazcales.
Sus narraciones no solo entretienen. En cada cuento hay una pista, una enseñanza, un pedacito del alma de Teotihuacán.
Y así, con su collar de hojas y su andar sigiloso, Cozzi sigue caminando entre las sombras del tiempo. Cauteloso, pero decidido. Porque mientras haya alguien que escuche, las leyendas seguirán vivas… y el equilibrio, protegido.