03/06/2026
Gil Loza Barba: La historia del “Hermano Muerte” que forjó la muralla esmeralda
Gil Loza Barba nació el 1ero de septiembre de 1942 en Tepatitlán. Fue el menor de los hermanos Loza. Su hermano mayor, Efraín, ya soñaba con el balón profesional, y Gil creció siguiéndole los pasos en canchas improvisadas. No era un niño de lujos: era de garra, de tierra y de sueños grandes.
Antes de brillar en Primera División, Gil pasó por el Club Celaya (los “Cajeteros”) entre 1962 y 1963, donde jugó en la Segunda División. Ahí empezó a forjar su reputación como defensa central: recio, sin miedo, de esos que ponían el cuerpo sin dudar.
El destino cambió en 1963. Su hermano Efraín ya estaba en el Club León desde hacía poco tiempo. Efraín lo invitó a probarse, y el técnico argentino Luis Grill vio en él al compañero perfecto para armar una muralla. Gil llegó, debutó y nunca más soltó la camiseta verde. Se quedó hasta 1972, casi una década defendiendo la Fiera con uñas y dientes.
Junto a Efraín formaron la legendaria dupla de los “Hermanos Muerte”, apodo que les puso el mítico narrador Ángel Fernández. No era por ser sucios, sino por su ferocidad limpia: barridas fuertes pero honestas, presencia intimidante y lealtad total al escudo. Gil jugó más de 200 partidos consecutivos con León (algunas fuentes hablan de 158 en liga y hasta 211 contando todas las competencias), un récord impresionante que habla de su consistencia y dureza sin lesiones graves ni expulsiones tontas.
Etapas doradas con la Fiera:
Fue clave en la zaga durante los años 60 y principios de los 70.
Levantó 3 Copas México (1966-67, 1970-71 y 1971-72).
Ganó Campeón de Campeones (1970-71 y participaciones más).
Era el clásico defensa de la época: no hacía goles espectaculares, pero cerraba el área como pocos. Su trabajo sucio permitía que delanteros y mediocampistas brillaran.
En 1972 colgó los botines. Se quedó a vivir en León, Guanajuato, la ciudad que lo adoptó como uno de sus hijos. Lejos de los reflectores, formó su familia y siguió cerca del club que amaba.
El 13 de junio de 2020, a los 77 años, Gil nos dejó por complicaciones de enfisema pulmonar.
Gil Loza Barba es el ejemplo perfecto del futbolista de antes: de pueblo, trabajador, leal y eterno. Un alteño que pasó de Segunda División a ídolo de Primera, que defendió con el alma y que hoy vive en cada defensa que se tira con todo por el León.