17/06/2026
"Hay en Amatitán, nuestra etapa siguiente, dos o tres iglesias, yo fuí a ver una en compañía de los oficiales con quienes estaba bastante ligado para que prestarán algún dinero, cuyos intereses corren aún. Me aseguraron que la iglesia era muy bonita y aparte la impropiedad de la palabra, no mintieron, porque era en efecto muy curiosa: paredes, altares, todo estaba sobrecargado de pesados retablos, especie de cuadros esculpidos en madera o piedra, de un alto relieve en que cada detalle tratado por el cincel con toda minuciocidad, es no menos minuciosamente tratado por el pincel con una crudeza insoportable.
El conjunto está rodeado de un cuadro fantástico, monstruoso, intrincamiento de hojarasca enmarañada y de una eflorescencia más extravagante aún, que bajo un triste y sucio color amarillo, espera aún el lujo de la hoja de oro reservada al altar. Todo esto es de un sabor artístico bastante extraño pero de un buen efecto de conjunto en esas construcciones bastardas y macizas del Renacimiento. "
Ernesto de Vigneaux,
" Viaje a Mejico"
Mitad del siglo XIX