23/08/2026
Nos levantamos muy temprano para iniciar nuestro recorrido a la región de los Tuxtlas, donde se encuentran Catemaco y Tlacotalpan. En el camino la lluvia creció de moderada a intensa, pero fue generosa y pasando Alvarado dejó de llover.
Llegamos a Catemaco después de recorrer horas de intensa vegetación verdísima y de curvas cerradas en la carretera.
La laguna no parece moverse y estaba color gris bordeada por verdes montes. Disfruto el sonido del motor de la lancha y el salpicar del agua.
Garzas, monos araña y flores de loto, además de un altar a la Virgen del Carmen, la patrona del poblado. Me encantan los paseos en lancha.
Tomamos nuevamente la carretera rumbo a Tlacotalpan, ciudad Patrimonio de la Humanidad, de las más hermosas de México, llegamos y las calles estaban vacías y podías disfrutar la belleza de sus edificios de una planta de variados colores. Ciudad muy limpia y silenciosa a esa hora.
Tlacotalpan es Lara y Germán Dehesa, pero Veracruz es Lara. Fui a la cantina donde tomaba sus toritos y me senté en el piano de su casa para tararear en voz baja sus canciones, las de mi madre. La primera que me aprendí de niña: Amor de mis amores y la cantaba con la misma pasión que ella.
Antes de partir, subimos a la lancha para recorrer el río Papaloapan, el tercero más grande de México.
En la carretera de regreso, el motociclista zigzagueante que venía enfrente de nosotros deteniendo nuestro avance por varios kilómetros, finalmente se orilló y se estrelló contra la barda de maleza, dejándonos sorprendidos y mudos.
Llegué al hotel y dormí después de ver desde mi ventana las palmeras borrachas de sol.