02/09/2026
Un silencio extraño se ha apoderado de la loma donde las carcajadas solían resonar entre las copas de los árboles. Durante décadas, Selva Mágica no fue solo un parque de diversiones; fue el escenario donde la infancia cobraba vida, el destino esperado de miles de fines de semana y el premio definitivo al final del ciclo escolar, cuando el camión del colegio se llenaba de gritos de emoción antes de cruzar la entrada.
Hoy, la nostalgia pesa en cada rincón. Se detuvieron los rieles, los carros de la montaña rusa descansan inmóviles bajo el sol y las melodías alegres que envolvían el aire se desvanecieron para siempre. Resulta doloroso aceptar que las próximas generaciones ya no sabrán lo que significaba sentir ese n**o en el estómago antes de subir a una atracción, la complicidad con los amigos de la escuela al hacer la fila o el sabor inigualable de un algodón de azúcar al atardecer. Esos recuerdos quedan atrapados en fotografías descoloridas y en la memoria de quienes tuvimos la suerte de vivirlo.
Las atracciones han apagado sus luces y los portones se han cerrado por última vez. JAIRMICH se despide de este espacio que fue hogar de risas, valentía y aventuras compartidas, dejando un eco eterno de felicidad en cada uno de los momentos que ahí se construyeron.