17/06/2026
Desde el aire, Coiba parece intacta.
Bosques que llegan hasta el horizonte. Arrecifes que rodean sus costas. Un ecosistema reconocido como uno de los más importantes del Pacífico Tropical Oriental.
Pero Coiba no es solamente naturaleza. También es historia.
Una historia marcada por la colonia penal, la transformación del paisaje y, finalmente, la decisión de convertir este lugar en un símbolo de conservación.
Por eso creemos que la discusión actual va mucho más allá de si existen o no nuevas construcciones.
La conservación no depende únicamente de los edificios.
Depende de la cultura de manejo que guía las decisiones dentro de un área protegida.
Los parques nacionales existen para proteger biodiversidad, conservar patrimonio, promover investigación científica y fomentar educación ambiental.
Las instituciones de seguridad cumplen una función fundamental para el país, pero su misión principal es diferente. Sus prioridades operativas responden a objetivos distintos a los de la conservación.
Y eso importa. Porque las decisiones cotidianas siempre se toman desde algún lente.
Hace poco, algunas paredes del antiguo penal fueron pintadas, cubriendo grafitis e inscripciones que habían permanecido visibles durante años.
Para algunos eran simples marcas.
Para nosotros, eran testimonios.
Los bosques cuentan una historia.
Los arrecifes cuentan otra.
Y las paredes del antiguo penal también tenían algo que decir.
La decisión de pintarlas pudo tener una lógica operativa. Sin embargo, desde una perspectiva patrimonial significó la pérdida de una parte de la memoria visible del lugar.
Y precisamente ahí está nuestra preocupación.
La conservación no consiste únicamente en proteger especies. También implica proteger paisajes, patrimonio, memoria e identidad.
Coiba representa mucho más que una isla.
Representa la decisión de transformar un lugar marcado por el uso humano intensivo en un símbolo de conservación, investigación, educación y patrimonio.
La pregunta no es solamente qué ocurre hoy en Coiba.
La pregunta es qué legado queremos dejar para quienes la heredarán dentro de cincuenta o cien años.
¿Qué futuro queremos para Coiba?