16/08/2019
HISTORIA DE LA “SANTÍSIMA CRUZ DE MOTUPE”
Entre los años de 1860 y 1865, habitaba en el Cerro Chalpón Fray Juan Agustín de Abad, religioso de la orden franciscana, donde transcurría la mayor parte del día recogido en oración, e inspirado en alcanzar la santidad, lograba con mucha fe y esfuerzo superar la soledad, siendo su compañera la naturaleza. Era muy frecuente que el religioso recorriera las calles de los pueblos aledaños, donde celebraba misas, bautizaba y rezaba el Santo Rosario. No obstante un buen día, el querido sacerdote partió sin dejar rastro alguno, pero previamente comunicó a la gente más cercana a él, que en el Cerro Chalpón, y el Cerro Penachí, dejaba cruces de grandes dimensiones ejecutadas por sus propias manos, hechas con madera del árbol Guayacán, las mismas que deberían ser halladas y consideradas protectoras de todo aquel sitio. Muchas personas que intentaron por todos los medios buscar las cruces, no lograban sus objetivos debido a lo accidentado del lugar. Años más tarde se recibió la penosa noticia del fallecimiento del sacerdote, víctima de la "uta" el 13 de octubre de 1866. Luego de la desaparición física del religioso, y cuando su recuerdo casi había sido olvidado de la mente de los pobladores, un grupo de astrólogos vaticinaron un temible cataclismo que destruiría parte de la humanidad. El pueblo inmediatamente siguió las pautas que en vida había dejado el Padre Abad, y una prueba tangible fue encontrar manuscritos del religioso, realizados con su propia sangre. La población renovó su fe entregándose nuevamente a la búsqueda de la cruz. Cuentan que el día 5 de agosto de 1868, subieron varios hombres entre ellos un joven llamado José Mercedes Anteparra de 22 años, que trepando con sogas llegó hasta una piedra donde brotaba agua pura y cristalina; esta agua se podía beber, pero lo sorprendente es que no se sabe de dónde podía venir,. al lado encontraron unas ollitas y se piensa que era ahí donde cocinaba el fraile, más arriba incrustada en una gruta encontraron la Cruz. Desde entonces el pueblo la venera en ese lugar porque el fraile dijo que ahí debe permanecer. El entonces obispo de Trujillo nombró a José Mercedes Anteparra como primer mayordomo, cargo que mantuvo hasta el día de su fallecimiento el 10 de abril de 1921.