19/12/2025
En pleno siglo XXI, cuando el discurso de igualdad y derechos humanos debería ser un consenso básico, el Perú vuelve a enfrentarse a una realidad incómoda: la discriminación sigue presente, abierta y, en algunos casos, normalizada. Las recientes expresiones atribuidas a Luis Alberto Montoya Del Carpio no solo resultan ofensivas, sino que evidencian una mentalidad que desconoce —o desprecia— la diversidad cultural que sostiene al país.
Resulta alarmante que este tipo de comentarios provengan de una persona vinculada al sector privado, especialmente cuando las empresas operan en territorios donde los pueblos andinos no solo habitan, sino que son parte fundamental del desarrollo económico y social. La crítica no se limita a una opinión personal mal expresada; se trata de un acto de discriminación que vulnera la dignidad de millones de peruanos y perpetúa estigmas históricos.
La sociedad peruana en especial PASCO no puede seguir tolerando discursos que jerarquizan a las personas por su origen, color de piel o procedencia geográfica. La identidad andina no es un rezago del pasado ni un motivo de burla: es una herencia cultural milenaria que ha forjado la historia y la identidad nacional.
En este contexto, empresas como Volcán y Cerro S.A.C. están llamadas a asumir un rol más firme y coherente con los valores que declaran. La responsabilidad social no puede reducirse a comunicados o programas aislados; implica garantizar que sus representantes actúen con respeto, ética y conciencia cultural en cada espacio donde intervienen.
La discriminación no es una opinión ni un “exceso verbal”; es una falta grave que exige una respuesta clara y contundente. El silencio o la indiferencia solo refuerzan la impunidad y normalizan el desprecio.
El Perú es un país diverso, y esa diversidad es su mayor riqueza. Negarla o atacarla no solo es un agravio a los pueblos andinos, sino un retroceso para toda la sociedad. La crítica es clara: mientras no se erradiquen estas actitudes, el respeto seguirá siendo una promesa incumplida y no una realidad compartida.