19/10/2025
La tradicional Rayada de San Lucas en Chongos Bajo
Cada 18 de octubre, el amanecer en Chongos Bajo tiene un brillo distinto. El aire huele a tierra fresca, a chicha y a fiesta. Es el día de San Lucas, y todos sabemos que eso significa una sola cosa: llegó la Rayada, esa tradición que nuestros abuelos nos enseñaron y que seguimos con el mismo cariño y respeto.
Desde temprano, los gañanes se van juntando en el terreno del Patrón Santiago, lugar donde empieza todo. Entre bromas, saludos y el ruido de los arneses, preparan a sus yuntas de toros, que no pueden faltar. Los animales, bien adornados con mantas coloridas, flores y cintas, parecen saber que no es un día cualquiera. Es el momento de abrir la tierra, de pedirle a San Lucas que acompañe la siembra y nos regale un año de buena cosecha.
El primer surco siempre se hace con cuidado y respeto. La tierra se “raya”, y en ese gesto se encierra una historia de generaciones. Antes de lanzar la semilla, los sacos son adornados con flores y rociados con chicha de jora. Es el llamado “descanso de la semilla”, un momento de silencio y gratitud, porque en cada grano va la esperanza del pueblo.
A medida que el sol sube, se escucha la música y las risas. Los pobladores, con sus trajes típicos, bailan y cantan mientras siembran juntos. Nadie se queda sin participar; todos aportan algo, ya sea una mano en el campo o un vaso de chicha para brindar. Es trabajo, sí, pero también es alegría compartida.
Al mediodía, llega el momento del descanso de los gañanes y de todos los asistentes. Bajo una sombra improvisada, se reparten coca, cigarro y la chicha corre de vaso en vaso. Entre cada historia y carcajada, se siente el orgullo de seguir haciendo lo que nuestros mayores nos enseñaron.
Así pasa el día, entre surcos y risas. Al final de la jornada, cuando el sol empieza a caer detrás de los cerros, la tierra ya está sembrada y el corazón de la gente lleno. La Rayada de San Lucas no es solo una fiesta: es una forma de agradecer, de recordar y de seguir unidos.
En Chongos Bajo, mientras haya quien raye la tierra, la tradición seguirá viva.
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