13/02/2020
Poco antes de llegar a Ollantaytambo, se pasa por el poblado de Pachar, se cruza el río Urubamba, se camina dos kilómetros siguiendo la vía férrea y se ingresa a una quebrada que parece deshabitada pero que esconde uno de los secretos mejor guardados de los incas: una caverna con techo «a dos aguas» que alberga una hermosa huacca (piedra sagrada) de manufactura inca clásica, y un enigmático portal tallado en la roca que semeja un altar pétreo. En los alrededores se pueden ver escaleras pétreas y construcciones en medio de la quebrada.
Poco antes de llegar a Ollantaytambo, se pasa por el poblado de Pechar, se cruza el río Urubamba, se camina dos kilómetros siguiendo la vía férrea y se ingresa a una quebrada que parece deshabitada pero que esconde uno de los secretos mejor guardados de los incas: una caverna con techo «a dos aguas» que alberga una hermosa huanca (piedra sagrada) de manufactura inca clásica, y un enigmático portal tallado en la roca que semeja un altar pétreo. En los alrededores se pueden ver escaleras pétreas y construcciones en medio de la quebrada.
Este santuario debería llamarse «Choqella» (templo de oro brillante) aunque también se aceptaría «Choqe Illa» (talismán de oro») o «Choqe Killa» (luna de oro).
Salazar afirma que los ejes del altar pétreo «proyectados en determinadas épocas del año y haciendo observaciones nocturnas, señalaban en el cielo, por encima del borde de los cerros, posiciones de estrellas y constelaciones conocidas por los inkas». Mientras que el movimiento del Sol a lo largo del año marca fechas significativas en el calendario sagrado del Tahuantinsuyo, y que hoy en día coinciden con fechas como el Día de los Mu***os, los carnavales y las temporadas de siembras y de cosechas.
«Ñaupa Iglesia fue una huaca muy especial, porque además de ser un lugar de culto a los mallquis (momias) de sus ancestros (lo demuestra la gran hornacina o nicho de la pared pétrea), tuvo que ser lugar de grandes anuncios de eventos astronómicos asociados al cumplimiento de rituales en fechas específicas del calendario agrícola, los alineamientos así lo demuestran.
señalaban en el cielo, por encima del borde de los cerros, posiciones de estrellas y constelaciones conocidas por los inkas». Mientras que el movimiento del Sol a lo largo del año marca fechas significativas en el calendario sagrado del Tahuantinsuyo, y que hoy en día coinciden con fechas como el Día de los Mu***os, los carnavales y las temporadas de siembras y de cosechas.
«Ñaupa Iglesia fue una huacca muy especial, porque además de ser un lugar de culto a los Mallquis (momias) de sus ancestros (lo demuestra la gran hornacina o nicho de la pared pétrea), tuvo que ser lugar de grandes anuncios de eventos astronómicos asociados al cumplimiento de rituales en fechas específicas del calendario agrícola, los alineamientos así lo demuestran.