23/02/2026
PROVINCIA DE HUAMALÍES
“LA GRAN NACIÓN YARO”
En los territorios que hoy comprenden Huacaybamba, Arancay, Jacas Grande, Jircán y Huánuco, floreció una de las civilizaciones más enigmáticas y poderosas de los Andes centrales: la gran Nación Yaro.
La existencia y denominación de este pueblo ha sido motivo de debate entre destacados investigadores.
Felipe Guamán Poma de Ayala y Julio C. Tello la llamaron Yarowilca; Flornoy la denominó Tantamayo; Thompson, Huamali; mientras que Salustio Maldonado y Amat utilizaron el término Yaro, y otros investigadores la mencionan como Yarush.
El descubridor de esta cultura fue el Monseñor Francisco Rubén Berroa. Según los estudios de Salustio Maldonado, el Imperio Yarowilca habría abarcado desde Rapayán (sur de Áncash) hasta el norte de Pasco, y desde el río Marañón hasta las cumbres de la Cordillera Central.
El historiador Waldemar Espinoza afirma su existencia y señala que los Yaros fueron un imperio de pastores de origen aymara que, a través de conquistas e invasiones, extendieron su dominio hasta Cajamarca y Chachapoyas por el norte, y hasta Ayacucho por el sur, abarcando gran parte de la sierra central, sometiendo incluso territorios que antes se habían liberado del imperio Wari. Posteriormente, antes de la conquista incaica, los Yaros habrían sido absorbidos por los Huánuco.
Su expansión alcanzó incluso las zonas del lago Junín o Chinchaycocha, en un contexto histórico marcado por la desintegración del poder Tiahuanaco–Huari. Habrían alcanzado su mayor esplendor entre los siglos XII y XIII, iniciando luego su decadencia.
Los Yaros se desarrollaron desde tiempos precerámicos, pasando por el Intermedio Temprano, y alcanzando su máximo desarrollo en el Intermedio Tardío.
Según el ingeniero Cárdich, su dios principal habría sido Libiac Cancharco, quien —según la tradición— cayó del cielo en forma de rayo sobre el nevado Yanipajá o Yarupajá. Allí habría criado a sus hijos, quienes salieron al mundo por ocho puertas desde sus cuevas, dando origen a su linaje.
Una historia profunda, discutida y fascinante que forma parte de la identidad ancestral de Huamalíes y del Perú andino.
Por su parte, el Dr. Amat Olazábal sostiene que Libiac era el padre supremo de los Yaros. Representaba el rayo, el trueno y el relámpago; dominaba las tempestades, el granizo (chiri) y las lluvias torrenciales que devolvían la vida a los pastizales andinos.
Sin embargo, Libiac no era una deidad uniforme: en cada ayllu Yaro asumía una forma mítica distinta. Por ejemplo, Yanararnán era el Libiac de Concharco, nacido en el cerro Roco —en las inmediaciones de la meseta de Bombón—, razón por la cual este cerro fue considerado la principal pacarina (lugar de origen sagrado) de los Yaros.
La arquitectura Yarowilca asombra hasta hoy. Levantaron inmensas construcciones de piedra que alcanzaban incluso cinco pisos de altura, razón por la cual muchos investigadores los consideran los “rascacielos” de la América prehispánica.
El explorador francés Bertrand Flornoy inició sus estudios en 1947, destacando la magnitud de estos complejos.
Entre los principales centros arqueológicos se encuentran:
• Garu
• Susupillo
• Jipango
• Chápash
• Isog
• Piruro
• Likro Rayán
Ubicados en las actuales provincias de Huamalíes, Yarowilca, Lauricocha y Dos de Mayo, todos comparten técnicas constructivas similares: uso de falsa bóveda, nichos y hornacinas, murallas escalonadas y edificios de forma trapezoidal.
Debido a la gran influencia Yarowilca en la región, se afirma que el Inca Túpac Yupanqui y el rey Capac Apo Chagua conformaron la Confederación Inca-Yarowilca.
El Chinchaysuyo no habría sido simplemente una región del Tahuantinsuyo, sino una poderosa confederación de pequeñas naciones sujetas a un rey Yarowilca. Este señor era originario de Allauca Huánuco y ostentaba el título de Capac Apo Yarowilca, con sede en Huánuco Marca.
Tras la conquista inca, su dignidad recibió el nombre de Incap Rantin, es decir, “Vice Inca” del Chinchaysuyo.