12/08/2019
LA VIEJA DE BOLIVAR
Por: Ricardo Palma
Con este apodo se le conocía hasta julio de 1,898 en la villa de Huaylas a la anciana de noventa y dos navidades que todavía conservaba buenas condiciones físicas e intelectuales y se llamaba Manuelita Madroño. En 1,824, era un fresquísimo y lindo pimpollo de dieciocho primaveras muy codiciado por todos los caballeros. La doncella pagaba a todos con desdeñosas sonrisas, porque tenía la intuición de que no estaba predestinada para hacer las delicias de ningún pobre diablo de su tierra.
En una mañana del mes de mayo de aquel año, hizo Bolívar su entrada oficial en Huaylas y ya se imaginará el lector toda la solemnidad del recibimiento. El Cabildo que pródigo estuvo en fiestas y agasajos, decidió ofrecer al Libertador una corona de flores, la cual le sería presentada por la muchacha más bella y distinguida del pueblo. Claro está que Manuelita fue la designada, era lo mejor en punto a las hijas de Eva.
A Don Simón Bolívar, que era golosillo por la fruta vedada del paraíso, hubo de parecerle Manuelita un bocado di cardinali y a la fantástica niña también se le ocurrió pensar que era el Libertador el hombre ideal por ella soñado. No pasaron cuarenta y ocho horas sin que los enamorados ofrendasen a la diosa Venus.
Si el fósforo da candela
¿Qué dará la fosforera?
Y sea dicho en encomio del voluble Bolívar, que desde ese día hasta fines de noviembre, en que se alejó del departamento, no cometió la más pequeña infidelidad al amor de la abnegada y entusiasta serrana que lo acompañó en sus excursiones por el territorio de Ancash y aún lo siguió al glorioso campo de Junín, regresando con el conquistador que se proponía formar en el norte algunos batallones de reserva.
Manuelita guardó tal culto por el nombre y recuerdo de su amante, que jamás correspondió a pretensiones de galanes. A ella no la arrastraba el río por muy crecido que fuese.
Ya en su edad senil se sentía rejuvenecida cuando sus paisanos la saludaban, diciéndola:
¿Cómo está la vieja de Bolívar?.
Pregunta a lo que ella respondía sonriendo con picardía.
¡Como cuando era la moza!.
Compilación: Winston W. Guillén Giraldo.