17/11/2013
LA LEYENDA DEL SALTO DEL FRAILE CHORRILLOS LIMA PERU
En los acantilados de Chorrillos Lima Perú que fueron testigos de esta antigua leyenda, un nadador escenifica esta historia lanzándose desde los riscos a la hora aproximada y lugar exacto en donde dicha aventura sucedió. Este verano ven a disfrutar de la Playa La Herradura, observar el largo de las enormes olas donde puedes practicar deportes de aventura acuática como el Surf. Ven a conocer Lima, la capital peruana...La agencia de viajes Peru Travel & Tours te invita
Dice la leyenda que allá por el año de 1860 en la Ciudad de Lima un hacendado de la época, el Márques de Sarria y Molina, luego de enviudar, solo tenía ojos para su pequeña y hermosa hija de 12 años llamada Clara, quien creció a los cuidados de su nana. Evarista mulata quien tenía un hijo tres años mayor que Clara, llamado Francisco. Con el pasar de los años los niños crecieron muy unidos. Al llegar a la adolescencia se enamoraron perdidamente y el poderoso hacendado no vio con buenos ojos que su hija se fijara en el hijo de la nana Evarista, por lo que decidió enviar a la joven a España y recluir al joven en el Convento de la Recoleta ordenando que se haga fraile. Secretamente, el Marqués había iniciado los preparativos para embarcar a su hija con rumbo al viejo mundo, intenciones de las que se enteró rápidamente el enamorado Francisco. "Esta será la última mísiva que recibirás, Clara querida; mañana parto para Chorrillos con el padre Mendoza, a quien el médico manda salir de este pueblo. Debo obedecer... no tengo voluntad propia... ¡soy un esclavo".... "Me dice mi madre que el 17 parte el buque que debe alejarte para siempre de mí; escucha pues, la súplica que te hago. Cuando pases frente a Chorrillos, dirige la vista, auxiliada de un anteojo, a la punta del cerro que se avanza al mar, allí estaré yo para darte mi postrera despedida!..."¡Adiós, alma de mi alma!" Ocho días después, el 17 de octubre, el marqués y su hija se dirigían al Callao y se embarcaban en la fragata, que debía zarpar a las dos de la tarde. Clara estaba serena, pero su rostro pálido, sus hermosos ojos hundidos y sin brillo; y su respiración entrecortada por frecuentes suspiros, que en vano trataba de ahogar, revelaban el hondo sufrimiento que devoraba esa alma destrozada por el dolor. Dos lágrimas ardientes y silenciosas resbalaron por sus mejillas y entornando los párpados, tuvo que apoyarse contra la borda de la embarcación para no caer. Pocos minutos después, la "Covadonga" se deslizaba con dirección al Sur, al empuje de una fresca brisa. La fragata siguió el rumbo paralelo a la Isla de San Lorenzo y eran las cinco y media cuando pasaban a la altura de Chorrillos, que se divisaba vagamente, envuelto en la bruma de la tarde. Cuarto de hora después, la embarcación se hallaba frente al Morro Solar. Una mujer estaba de pie y en actitud majestuosa sobre proa; tenía en sus manos un magnífico anteojo con el que miraba fijamente a la indicada punta. Era Clara que, así como busca el navegante en medio de la tempestad el faro salvador, buscaba al ser querido, cuyo amor era la única luz que podía penetrar en su alma azotada por la borrasca de la pasión. Derrepente, la joven exhaló un ¡ah! de sorpresa y de íntimo placer; su rostro se inflamó, y el anteojo tembló entre sus manos convulsas. Acababa de descubrir a Francisco, que parado sobre la peña más alta, sostenía sobre su cabeza con ambas manos, el manto que se había quitado y que agitaba en el aire. Un minuto después, el fraile se precipitaba desde la altísima cima al fondo del abismo, y no quedaba de él, más que los rasgados jirones de sus vestiduras, que, prendidas de la filada cresta de un peñón saliente, flotaban al viento como una bandera fúnebre!... Mientras ese trágico desenlace se realizaba en tierra, pasaba a abordo una escena no menos terrible. Clara había lanzado un agudo grito: el anteojo se cayó de sus manos, y exclamando con acento de suprema angustia: –¡Adiós, padre mío, voy a reunirme con Francisco!; se arrojó al mar, que la sepultó en su hondo seno! Ese fue el triste final del hijo de la esclava Evarista que enamorado se lanzó al mar. Siglos después en Chorrilos Lima Perú, en los acantilados que fueron testigos de esta antigua leyenda, cada domingo un nadador escenifica esta historia lanzándose desde los riscos a la hora aproximada y lugar exacto en donde dicha aventura sucedió
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