
10/08/2025
Piribebuy: Un Legado de Sangre y Honor
Yo, Teniente Coronel Pedro Pablo Caballero, me encontraba en la ciudad de Piribebuy, la tercera capital de nuestro querido Paraguay, rodeada de colinas y valles fértiles. La guerra contra la Triple Alianza había llegado a nuestro umbral, y yo sabía que nuestra defensa sería desigual. Mi corazón latía con orgullo y determinación mientras miraba a mis hombres, ancianos, mujeres y niños, que se preparaban para defender nuestra tierra.
La madrugada fría del 12 de agosto de 1869, el cielo estaba cubierto por nubes grises y el viento gélido azotaba las trincheras. El silencio era tan denso que parecía presagiar la tragedia. De pronto, el redoble de tambores y la marcha de miles de botas enemigas apagaron el trinar de las aves.
El Conde D'Eu, al mando de las fuerzas aliadas, montado en su corcel, se presentó con voz altiva, ordenando mi rendición y la entrega de la plaza. Yo, de pie, sin bajar la mirada, respondí con la voz de un pueblo entero:
-COMO COMANDANTE DE LA PLAZA MAYOR, ESTOY AQUI PARA PELEAR ,Y TAMBIEN PARA MORIR SI ES NECESARIO, PERO NO PARA RENDIRME.
Mis palabras se propagaron como fuego en el corazón de mis hombres. Mujeres, ancianos y hasta niños se prepararon para la lucha, armados con fusiles viejos, machetes, botellas rotas y piedras. Nadie retrocedería.
El rugido de los cañones enemigos desgarró el amanecer. Más de 20.000 hombres hiceron llover proyectiles sobre Piribebuy. El alba se volvió negro por el humo, las casas ardieron y el río se tiñó con la sangre de sus hijos. Cada calle se convirtió en un bastión, cada casa en una trinchera.
Vi a mis compañeros caer uno a uno, pero nadie imploró clemencia. Luchamos hasta el último aliento, hombro a hombro, hombres y mujeres, como una sola alma.
Finalmente, fui rodeado y capturado. El Conde D'Eu, con desprecio, me preguntó:
—¿Por qué luchas con tanta determinación?
—Porque un paraguayo que ama a su patria y a su pueblo… jamás se rinde —le respondí.
Mis palabras no lo conmovieron. Ordenó que me azotaran, que me mutilaran y que mi muerte sirviera de escarmiento. Frente a mi familia, soporté el tormento sin clamar por piedad. Sabía que si me doblegaba, traicionaría a quienes murieron conmigo.
Atado a cañones, con el cuerpo ensangrentado y suspendido en el aire, escuché su última orden:
—¡Decapítenlo!
Un soldado brasilero, con un golpe certero, cumplió el mandato.
Mi muerte fue brutal, pero no pudo borrar la memoria de lo que hicimos aquel día. Piribebuy no cayó rendida: cayó luchando, y su nombre quedó escrito con sangre en la historia del Paraguay.
No fue el final, sino el comienzo de un recuerdo que ningún invasor pudo borrar. La Batalla de Piribebuy quedó grabada en las páginas más sagradas de nuestra historia, no como una derrota, sino como un grito inmortal de dignidad y resistencia. Que cada generación que camine por estas calles sepa que aquí hubo hombres y mujeres que eligieron morir antes que arrodillarse.
Escrito por: A.S.R
Piribebuy, 10/08/25@@@