23/07/2026
🏫 EL VIEJO CENTRO ESCOLAR BALTAZAR PARADA
Memoria de un pueblo que aprendió a soñar
Homenaje a la institución que durante más de un siglo ha educado el corazón de Santiago de María.
📖 "Para la página Santiagueños por Siempre"
Este no es un relato sobre una escuela.
Es un viaje de regreso a nuestra infancia.
Porque los pueblos no viven solamente en sus calles, en sus parques o en sus iglesias.
Los pueblos viven en los recuerdos.
Y para miles de santiagueños, esos recuerdos comienzan al cruzar el viejo portón del Centro Escolar Baltazar Parada.
☕ Había una vez un pueblo llamado Santiago de María...
Había una vez un pueblo rodeado de montañas y volcanes verdes, donde el amanecer olía a café recién florecido y las campanas de la iglesia marcaban el comienzo de cada jornada.
Un pueblo donde todos se conocían por su nombre.
Donde las puertas permanecían abiertas.
Donde los niños crecían entre cafetales, frio en las madrugadas charquitos en invierno cristalinos y caminos de tierra que parecían no terminar nunca.
Un pueblo donde la palabra todavía valía más que una firma.
Ese pueblo era... y sigue siendo...
Nuestro querido Santiago de María.
Y en el corazón de ese pueblo nació una institución destinada a convertirse en parte de la historia de miles de familias.
🗓️ 1917... Cuando comenzó un sueño
En una época en la que estudiar era un privilegio para muy pocos, un pequeño grupo de sacerdotes y vecinos comprendió que el futuro de Santiago de María no estaba solamente en el café.
Estaba en sus niños.
Así nació, en 1917, una modesta escuela parroquial para varones.
Apenas ocho o diez alumnos ocupaban los primeros pupitres.
No había grandes edificios.
No existían laboratorios.
No había computadoras.
Solo había una pizarra.
Algunos pupitres.
Muchísima vocación.
Y un sueño enorme.
En aquellas humildes aulas comenzó a escribirse una historia que más de un siglo después continúa viva.
🏗️ 1925: El pueblo construye su escuela
Con el paso de los años aquella pequeña escuela comenzó a quedarse corta.
Los niños aumentaban.
Las familias confiaban cada vez más en la educación.
Y Santiago de María decidió construir una verdadera casa para el conocimiento.
En 1925 se levantó el hermoso edificio que muchos todavía recordamos.
Corredores largos.
Aulas amplias.
Techos altos.
Ventanas de madera.
Un patio central donde el tiempo parecía detenerse.
Era una arquitectura elegante y funcional, propia de los grandes grupos escolares que el país impulsaba en aquella época. Con el paso de los años, los santiagueños descubrieron que su querida escuela compartía ese estilo con otros edificios emblemáticos de El Salvador, como el Grupo Escolar Isaac Ruíz Araujo, en Suchitoto, convirtiéndose en parte de un valioso patrimonio arquitectónico nacional.
Cada ladrillo parecía decir:
"Aquí crecerán los hijos de Santiago de María."
Y así fue.
📜 1930: Nace oficialmente el Grupo Escolar Baltazar Parada
Durante el gobierno del presidente Pío Romero Bosque, la institución fue reconocida oficialmente como Grupo Escolar Baltazar Parada.
Desde entonces dejó de ser únicamente una escuela.
Se convirtió en el orgullo educativo de nuestro pueblo.
Desde todos los barrios.
Desde todos los cantones.
Desde las fincas cafeteras.
Comenzaron a llegar niños caminando kilómetros para poder estudiar.
Muchos llevaban sus zapatos en la mano para no gastarlos antes de llegar .
Otros caminaban descalzos.
Pero ninguno faltaba.
Porque sabían que aprender era la única herencia que nadie podría quitarles.
🟢 Los muchachos vestidos de verde
Quienes vivimos los años setenta y buena parte de los ochenta jamás podremos olvidar aquella imagen.
Llegaba febrero.
Las cortas de café iban terminando.
El pueblo comenzaba a recuperar su ritmo.
Y poco a poco las calles se llenaban nuevamente de niños.
Entonces aparecíamos nosotros.
Con aquel uniforme verde que tantos recuerdan con cariño.
Un verde intenso.
Como las hojas de los cafetos después de la lluvia.
Como los pericos que revoloteaban entre las montañas que abrazan nuestro pueblo.
Más de alguno sonreía diciendo:
"¡Ahí vienen los periquitos del Baltazar!"
Y nosotros seguíamos caminando orgullosos.
Desde El Tigre.
Desde Marquezado.
Desde Las Flores.
Desde La Florida.
Desde barrios y cantones.
Cientos de pequeños uniformes verdes iban llenando las calles hasta desembocar en un mismo lugar.
El viejo Baltazar.
Parecía que toda la escuela florecía otra vez.
Los corredores recuperaban el bullicio.
Las aulas volvían a llenarse de cuadernos nuevos.
Los pupitres esperaban otra generación.
Y los maestros recibían a cada niño como si estuvieran recibiendo un hijo más.
🏃♂️ El patio donde crecimos
¿Cuántas vidas comenzaron realmente en aquel patio?
Allí aprendimos a hacer fila.
Allí cantamos el Himno Nacional.
Allí escuchamos por primera vez el significado de la palabra respeto.
Allí hicimos nuestros mejores amigos.
Allí nos deteníamos donde estuvieras si la campana terminaba el recreo y muchos se rebuscaban para quedar en una pose que diera risa.
El recreo era un universo completo:
Carreras, capiruchos, trompos, canicas, pelotas improvisadas, risas...
Y aquella campana...
¡Qué sonido tan inolvidable!
Era capaz de poner en movimiento a toda la escuela.
Hoy, muchos años después, basta cerrar los ojos para volver a escucharla.
🥁 Septiembre... Cuando marchaba el orgullo de Santiago de María
Pero si había un mes que hacía latir más fuerte el corazón del Baltazar...
Era septiembre.
Las tardes comenzaban a llenarse de redoblantes.
Las cornetas rompían el silencio.
Los ensayos se escuchaban desde varias cuadras de distancia.
Y todo Santiago sabía que se acercaban las fiestas patrias.
Había una maestra que vivía aquellos días con una ilusión especial:
La profesora Clara Josefina Castañeda Chavarría de Aparicio.
Mucho antes de que el Baltazar se convirtiera en una escuela mixta, ella buscaba por todo Santiago de María casi siempre del Colegio Santa Gema costaba sacarle el permiso a Madre Alta Gracia pero siempre encontraba a las niñas que formarían el grupo de cachiporristas que acompañaría los desfiles cívicos.
Era una labor que requería paciencia, organización y mucho cariño.
Había que convencer a los padres, coordinar ensayos, preparar uniformes, enseñar disciplina, transmitir confianza.
Y ella lo hacía con una sonrisa.
Porque comprendía que aquellas niñas no solo representaban a una escuela.
Representaban a todo un pueblo.
Muchos santiagueños todavía recuerdan aquellas cachiporristas.
Con sus movimientos elegantes, con su alegría, con su porte.
Para muchos eran las niñas más bonitas de Santiago de María.
Pero, más allá de su belleza, eran el reflejo del orgullo con que el Baltazar salía a las calles cada 15 de septiembre.
🎺 La Banda de Paz
Y entonces...
Comenzaban a sonar los tambores.
La Banda de Paz del Baltazar era reconocida dentro y fuera de nuestro departamento.
Cuando aparecía por las calles del pueblo, nadie permanecía indiferente.
Los balcones se llenaban.
Las aceras también.
Los comerciantes salían a las puertas de sus negocios.
Los abuelos acomodaban sus sillas.
Los niños levantaban pequeñas banderas.
Y el pueblo entero aplaudía.
Porque no marchaban solamente estudiantes.
Marchaba la dignidad de Santiago de María.
🪁 Octubre...
Y casi sin darnos cuenta...
Llegaba octubre.
Parecía que el año escolar había pasado en un suspiro.
El viento cambiaba.
El cielo adquiría ese azul profundo que solo conocen los pueblos cafetaleros.
Comenzaban a aparecer las primeras piscuchas.
Subían lentamente.
Luego danzaban entre un cielo limpio, salpicado por las primeras estrellas de la tarde.
Mientras tanto, los cafetales comenzaban a transformarse.
El pueblo entero sabía lo que aquello significaba: Se acercaban nuevamente las cortas.
Volvían los cortadores.
Las fincas despertaban.
El comercio sonreía.
Las familias se preparaban para una nueva cosecha.
Y nosotros...
Los muchachos del Baltazar...
Mirábamos el cielo lleno de piscuchas soñando con las vacaciones que ya estaban cerca.
💃 También se bailaba...
Pero el Baltazar no era solamente libros y cuadernos.
También era alegría. Era comunidad. Era encuentro.
Muchas noches la escuela abría sus puertas para recibir grandes bailes, verbenas con la Flores la San Vicente!!
Llegaban orquestas.
Las luces iluminaban la cancha.
Los jóvenes estrenaban sus mejores camisas.
Las muchachas lucían vestidos preparados con ilusión.
Y durante unas horas la escuela se convertía en el gran salón de baile de Santiago de María.
Allí nacieron amistades.
Noviazgos.
Promesas.
Historias que todavía hoy se cuentan entre sonrisas.
🍎 Los maestros que sembraban futuro
Si hoy Santiago de María ha dado médicos, profesores como el profesor Arévalo , agricultores ejemplares, comerciantes, ingenieros, artistas, deportistas y hombres y mujeres de bien...
Es porque primero hubo maestros.
Maestros que enseñaban mucho más que matemáticas.
Enseñaban honradez. Respeto. Solidaridad. Amor por la patria. Amor por el trabajo.
Entre ellos queremos recordar con profundo cariño a la profesora Clara Josefina Castaneda Chavarría de Aparicio.
Durante cerca de veinte años dedicó su vida al Baltazar.
Corrigió cuadernos.
Secó lágrimas infantiles.
Limpio mocos.. Celebró triunfos.
Preparó generaciones enteras.
Y cuando la vida la llevó a San Salvador, a finales de los años ochenta, dejó detrás de sí algo que nunca pudo empacarse en una maleta:
El cariño de todo un pueblo.
Porque los buenos maestros nunca se marchan del todo.
Permanecen viviendo en la memoria de sus alumnos.
🏫 El viejo Baltazar
Hoy los años han pasado.
Las generaciones cambiaron.
La escuela también.
Llegaron nuevos edificios, nuevas tecnologías, nuevos alumnos.
Pero hay cosas que el tiempo jamás podrá cambiar.
El eco de aquellas risas.
El olor de los cuadernos nuevos.
El sonido del recreo.
Los desfiles. Las bandas. Las piscuchas. Los cafetales.
Los muchachos vestidos de verde.
Todo eso sigue viviendo.
Porque el Baltazar nunca fue solamente una escuela.
Fue el lugar donde un pueblo aprendió a soñar.
📢 A todos los santiagueños
Si alguna vez estudiaste en el Baltazar...
Si alguna vez marchaste con su Banda de Paz...
Si alguna vez fuiste cachiporrista...
Si alguna vez esperaste con ilusión que llegara octubre para elevar una piscucha...
Si alguna vez caminaste entre cafetales rumbo a clases...
Entonces esta historia también es tuya.
Compártela.
Cuéntala.
Agrega el nombre de ese maestro que nunca olvidaste.
Publica aquella fotografía guardada por tantos años.
Porque la historia de una escuela no la escriben solamente los libros.
La escriben miles de corazones.
✨ Y para terminar...
Cuando dentro de muchos años alguien vuelva a caminar por los corredores del viejo Baltazar, quizá ya no escuche nuestras voces.
Pero, si presta suficiente atención, tal vez el viento le lleve un murmullo.
Será el eco de generaciones enteras diciendo:
"Aquí aprendimos a leer..."
"Aquí hicimos nuestros mejores amigos..."
"Aquí soñamos por primera vez..."
"Aquí fuimos felices..."
Porque las escuelas verdaderamente grandes no se construyen con cemento.
Se construyen con recuerdos.
Y esos recuerdos...
Nadie podrá derribarlos jamás.
Que Dios bendiga al viejo Centro Escolar Baltazar Parada.
Que bendiga a todos los maestros que entregaron su vida a educar.
Que bendiga a las generaciones que llenaron de risas sus corredores.
Y que bendiga siempre a este rincón privilegiado de El Salvador donde los cafetales abrazan las montañas y donde un pueblo aprendió que la educación es la herencia más valiosa que puede dejarse a los hijos.
Porque mientras exista un santiagueño que recuerde la campana del Baltazar, el viejo Centro Escolar Baltazar Parada seguirá vivo.
Y mientras una piscucha vuelva a elevarse sobre el cielo azul de octubre, mientras el aroma del café recién cortado vuelva a recorrer nuestras calles, mientras un antiguo alumno sonría al recordar su uniforme verde y el sonido de la Banda de Paz... Santiago de María seguirá siendo ese pedacito de patria que nunca abandona el corazón de quienes nacieron bajo su cielo.
A todos los hijos e hijas de nuestra querida tierra: gracias por mantener viva esta memoria. Que cada fotografía, cada anécdota y cada nombre compartido sea un ladrillo más en la historia de nuestro pueblo.
¡Que viva el Centro Escolar Baltazar Parada! 🎉
¡Que vivan sus maestros, sus estudiantes y todas las generaciones que pasaron por sus aulas! 🎓
¡¡¡Y QUE VIVA POR SIEMPRE NUESTRO QUERIDO SANTIAGO DE MARÍA!!! 🇸🇻❤️
"Porque se puede salir de Santiago de María… pero Santiago de María jamás sale del corazón de un santiagueño."