25/06/2026
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Es pequeño, muy pequeño, apenas unos centímetros, y nada fácil de observar, salvo que, al recorrer un sendero, te lo encuentres cruzando de un lado a otro del camino. Sus colores, exactos al de las flores que acababa de dejar atrás, sus pasos, de una lentitud extraordinaria, y su cola erguida, hicieron que el tiempo se detuviera para contemplarlo. Los movimientos de sus patas, hacia delante y hacia atrás, para asegurarse muy mucho, antes de apoyarlas en el suelo y avanzar, nos tuvieron absolutamente hipnotizados. Todo un tesoro de la Naturaleza, y uno de los momentos más maravillosos, nunca antes vivido en un Safari. Lo vio Ray, como siempre atento a cualquier animal, por pequeño que sea, y los tres lo disfrutamos, como la maravilla que teníamos ante nuestros ojos. Al cabo de un rato logró llegar al otro extremo, donde sólo había hierba, y su color fue cambiando a un verde intenso. Pura delicia.