07/02/2026
LA LEYENDA DE NAIPI Y TAROBÁ
Cuenta la tradición guaraní que en las tierras donde hoy se levantan las majestuosas Cataratas del Iguazú vivía Naipi, una joven de belleza incomparable. Su destino estaba marcado: debía ser entregada como ofrenda al dios serpiente Mboi, quien habitaba en las aguas del río.
Pero el corazón de Naipi ya pertenecía a Tarobá, un valiente guerrero de su pueblo. Ambos se enamoraron en secreto, sabiendo que su unión estaba prohibida. Decididos a desafiar al dios, huyeron juntos en una canoa por el río Iguazú, buscando la libertad de su amor.
La furia de Mboi no tardó en desatarse. El dios serpiente emergió de las aguas y, con un golpe colosal, abrió la tierra en una grieta inmensa. De ella brotó un torrente de agua que se precipitó con fuerza, dando origen a las Cataratas del Iguazú.
Naipi fue convertida en roca, atrapada en medio de las aguas eternas, mientras Tarobá se transformó en un árbol solitario en la orilla, condenado a contemplarla por siempre.
Así, cada gota que cae en las cataratas recuerda la historia de un amor que desafió a los dioses y quedó inmortalizado en la naturaleza.