18/08/2026
Cada verano, cuando los incendios forestales vuelven a ocupar los informativos, aparece también un viejo discurso que pretende explicar la catástrofe con una frase aparentemente sencilla: “el monte está sucio”. Hay demasiada vegetación, demasiado matorral, nadie limpia, los bosques están abandonados y, según esta interpretación, el fuego no sería tanto consecuencia de determinadas actividades humanas como el resultado inevitable de haber permitido que la naturaleza creciera demasiado.
Es un relato cómodo porque transforma un problema complejo en una cuestión de limpieza, pero parte de una premisa equivocada. Un bosque no está limpio ni sucio. Un bosque está vivo. El sotobosque, los arbustos, las herbáceas, la hojarasca, los árboles mu***os, los hongos, los insectos y toda l...