04/25/2026
Qué triste cuando la desesperanza es el pan de cada día. Y eso no sólo pasa en mi Cuba, también hay cubanos que la sufren aquí. Aquellos que llegaron con un sueño y después de 4 años o más aún siguen sin estatus migratorio.
A la inmensa mayoría de ellos no los conozco y otros tantos son mis clientes a los que he acompañado en sus procesos migratorios. Y cada día una pregunta que se repite sin respuesta “ habrá solución para sus casos?”. Yo sigo apostando a que SI. “No hay mal que dure cien años”, reza un viejo refrán.
Hoy conocí a una chica que no vive el peor de los escenarios porque tiene Permiso de Trabajo y trabaja, lo cual es también el sueño de muchos. Sin embargo vive en la desesperanza, es I-220A. Se presenta así, como si ya hubiera perdido su propio nombre y ahora sólo fuera una ficha clasificada. Quiere regresarse, tiene una hija allá pero también es mamá de kun bebé nacido ciudadano americano. Tiene su mundo dividido por una forma migratoria que le otorgaron a su entrada ilegal al país. La ilegalidad se paga caro, aunque ni ellos mismos sabían el documento que les estaban otorgando , como precio a pagar por su sueño americano.
Le dije lo mejor que le podía decir: “ para atrás ni para coger impulso”. Pero claro que no la convencí. Me dijo que vive en un “maldito infierno”. Esa es la desesperanza apoderándose de cada uno de sus días. Usted cree que se resuelva nuestra situación, me preguntó. Honestamente estoy segura de que así será. Cuando? Para eso si no tengo respuesta y tampoco se quién pueda tenerla. Ni los mismos abogados lo saben, ni la Corte Suprema, ni creo que el propio Donald Trump se ha detenido a pensar en cómo solucionar tantos y tantos casos, no sólo de cubanos, que hoy viven en un limbo migratorio.
Pero alguna solución tendrán que darles y espero que sus años de permanencia en el país valgan la pena. Entraron ilegalmente? Si, pero CBP ( Customs and Border Protection), los dejó entrar porque igual podían haberlos retornado en frontera si así lo consideraban y no lo hicieron.
Si usted toca a mi puerta y yo le dejo entrar con o sin supervisión, yo admití su entrada. No soy abogada, no estoy hablando desde la posición de quien ejerce la Ley. No doy consejos o asesoría legal pero he acompañado a muchos en sus procesos y lo seguiré haciendo con la garantía de quien hace bien su trabajo.
Nada de falsa humildad. El principio de las relaciones públicas que me enseñó la vieja escuela fue : “ Hazlo bien y dalo a conocer”.
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