09/20/2026
En pleno centro de Granada, junto a la Basílica de San Juan de Dios, se alza el Monasterio de San Jerónimo: una de las joyas más fascinantes del Renacimiento español y un lugar donde el arte religioso y la iconografía militar se funden de una forma única en España.
Su historia está ligada a la de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. El estratega de los Reyes Católicos, artífice de la conquista de Nápoles y creador del ejército profesional español, impulsó la construcción del monasterio como lugar de enterramiento para él y su esposa, María Manrique, duquesa de Sessa. Tras su muerte en 1515, fue ella quien financió buena parte de la obra para convertirlo en el panteón familiar.
El corazón del monumento es la Capilla Mayor. Allí se encuentra el gran retablo (1570-1605), una obra cumbre del Renacimiento y del Manierismo andaluz cuya iconografía fue diseñada para exaltar las gestas militares y el heroísmo del Gran Capitán. A los pies del retablo, una a cada lado, se alzan las estatuas orantes de Gonzalo y María: él con armadura, como el guerrero que fue; ella con velo, túnica y manto, consagrada a Dios. Bajo la larga escalinata que sube al altar mayor, una cripta guarda sus restos bajo una lápida de mármol que reza: “Los huesos de Gonzalo Fernández de Córdoba, que por su gran valor consiguió para sí el sobrenombre de Gran Capitán, están confiados a esta sepultura hasta que al fin sean restituidos a la luz perpetua. Su gloria no quedó sepultada con él”.
El monasterio guarda además curiosidades que pocos conocen: durante la invasión napoleónica la tumba fue profanada, y un monje salvó parte de los restos del Gran Capitán, que fueron custodiados por la Academia de Bellas Artes y no regresaron a Granada hasta 1874. La torre del monasterio fue derribada por los franceses y sus piedras se usaron para construir el Puente Verde sobre el río Genil. Y en 1526, tras su boda, Carlos V y la emperatriz Isabel de Portugal se instalaron aquí, pasando a disponer del segundo claustro